– Una idea militar de hace un siglo terminó convirtiéndose en la banda sonora de oficinas, comercios y elevadores en todo el mundo.
La llamada “música de ascensor” no surgió por casualidad ni únicamente como un recurso comercial. Su origen se remonta a 1922, cuando George Owen Squier, un general del Ejército de Estados Unidos, ideó una manera ingeniosa de llenar los espacios con melodías suaves. En aquel tiempo, la radio era cara, poco estable y complicada de usar, por lo que Squier pensó en aprovechar los cables eléctricos ya instalados para transmitir música de manera constante.
El militar había desarrollado un sistema capaz de enviar varios mensajes a través de los mismos cables, incluyendo sonidos e incluso imágenes, un adelanto extraordinario para la época. Gracias a este descubrimiento, propuso un servicio de suscripción: hogares y oficinas recibirían un pequeño receptor que se conectaría a una red global, garantizando música de fondo permanente para acompañar la rutina diaria.
La idea rápidamente se convirtió en un fenómeno cultural y dio lugar a lo que hoy conocemos como música ambiental o “Muzak”. Su propósito inicial no era solo entretener, sino también generar un entorno más relajado, productivo y, en algunos casos, hasta influir en el estado de ánimo de las personas en espacios públicos.
Con el paso de los años, este tipo de música se popularizó en ascensores, hoteles, aeropuertos y centros comerciales de todo el planeta. Aunque algunos la consideran repetitiva o insulsa, su trasfondo científico demuestra que la intención original iba mucho más allá de llenar silencios: buscaba crear una atmósfera que transformara la experiencia de quienes habitaban esos espacios cotidianos.
