– Lo que comenzó como un experimento universitario se ha convertido en una revolución científica con aplicaciones en múltiples áreas de la tecnología y la industria.
Manchester.- En octubre de hace dos décadas, los físicos Andre Geim y Konstantin Novoselov, de la Universidad de Manchester, publicaron un estudio que cambiaría el rumbo de la ciencia y la tecnología. En su trabajo, detallaron las propiedades excepcionales del grafeno, una sustancia cristalina compuesta por una sola capa de átomos de carbono organizada en una estructura hexagonal. Este material, ultrafino y extraordinariamente resistente, prometía desde entonces revolucionar numerosos campos.
Por aquellos años, en la Universidad de Surrey, un equipo de investigadores especializado en las propiedades electrónicas del carbono comenzaba a observar el creciente interés en este nuevo material. Aunque en ese momento los nanotubos de carbono captaban la atención del mundo académico, el descubrimiento del grafeno abrió nuevas puertas. Recuerdo cómo mi profesor nos animó a asistir a una conferencia impartida por un destacado científico en divulgación, quien predijo el impacto que tendría el grafeno en nuestra vida cotidiana.

Dos décadas después, las aplicaciones del grafeno son una realidad palpable. Este material ha sido clave en avances como baterías más eficientes, dispositivos electrónicos flexibles, filtros para purificar agua y recubrimientos ultraresistentes. Su versatilidad lo ha convertido en el favorito para proyectos de sostenibilidad, mejorando tecnologías clave en sectores como la energía y la medicina.
El descubrimiento del grafeno es un ejemplo de cómo la curiosidad científica puede tener un impacto global. Lo que comenzó como una investigación académica ha dado lugar a una transformación tecnológica que continúa expandiéndose, recordándonos que aún hay un vasto horizonte por explorar en el mundo de los materiales.
