– La resina aromática, utilizada desde la antigüedad para elaborar incienso y perfumes, enfrenta un futuro incierto debido a la sobreexplotación y al deterioro ambiental.
Durante miles de años, el olíbano también conocido como franquincienso ha sido una de las resinas más valoradas del mundo, apreciada por su fragancia y su uso en rituales religiosos, medicina tradicional y perfumería. Sin embargo, en la actualidad su disponibilidad comienza a disminuir de forma preocupante, encendiendo alertas entre productores, comerciantes y especialistas en conservación.
La vida de Salaban Salad Muse es un reflejo de esta tradición ancestral. Habitante del pequeño poblado de Dayaha, en la región de Sanaag, en Somalilandia —territorio separatista de Somalia—, Muse ha dedicado su existencia a la recolección de esta resina aromática. El olíbano se obtiene exclusivamente del árbol Boswellia, una especie que requiere condiciones específicas para crecer y cuya explotación demanda paciencia y conocimiento heredado de generación en generación.

Cada año, Salaban pasa entre tres y seis meses acampando en una cueva cercana a los terrenos familiares donde se encuentran estos árboles. Durante ese tiempo, recorre diariamente la zona para supervisar la salud de cada ejemplar: revisa la corteza en busca de plagas, limpia la arena acumulada, protege los brotes jóvenes y cuida las plántulas que sembró al inicio de la temporada. Su trabajo no solo consiste en extraer la resina, sino en garantizar la supervivencia del bosque que la produce.
No obstante, esta práctica tradicional se ve amenazada por diversos factores. La demanda internacional ha impulsado una explotación excesiva, mientras que el cambio climático, las plagas y la falta de manejo sostenible han reducido la capacidad de regeneración de los árboles de Boswellia. En muchos casos, la presión económica obliga a realizar cortes demasiado frecuentes en la corteza, debilitando a los árboles y acelerando su deterioro.
Expertos advierten que, de no tomarse medidas urgentes, el olíbano podría convertirse en un recurso cada vez más escaso, poniendo en riesgo no solo una industria ancestral, sino también el sustento de comunidades enteras que dependen de su recolección. La conservación de estos árboles y la promoción de prácticas sostenibles se perfilan como la única vía para evitar que una de las resinas más emblemáticas de la historia desaparezca.



































